Working mom

WORKING MOM

Recién leí en un blog a una madre que decía: “si pudiera quedarme en casa ganando dinero viendo realities y haciendo yoga, lo haría”, se me paró un segundo el corazón.  ¿Lo harían?

En mi universo esa no es una posibilidad, ni remota. 

Mi abuelita creía que si yo estudiaba era para buscar un esposo, y que si llegaba a tener que trabajar habían fallado mis habilidades de conquista en la universidad, que era para buscar esposo.  Cuando una vez me levanté en armas contra esta filosofía de vida, fui catalogada como la oveja negra de mi familia.  Ser la oveja negra te da una serie de libertades que las pobres blancas no tienen, significa que puedes no seguir las reglas y que lo van a aceptar porque ya está en tu ADN no hacerlo.  Ser esa oveja negra me permitió seguir mi sueños, sin miedo de que me digan si iba por el “buen” o “mal” camino.

De esa forma salí de una universidad a un año de terminar una carrera, comencé otra de cero en otra rama completamente distinta, trabajé de mesera, cambié varias veces de trabajo, no conseguí esposo, me gradué y… de repente conseguí un trabajo del que me enamoré y al cual le he dedicado todos los años desde ese día, encontré al amor de mi vida en una discoteca, y tuve una hija en medio de esta locura que estaba desenredándose y convirtiéndose en algo increíble.

Cuando supe que iba a tener a mi hija, antes de contarle a mi mamá, fui donde mi jefa y ella lo adivinó.  Recuerdo como si fuera ayer el momento, estábamos en una reunión con unos clientes y yo presté atención a nada porque quería contarle que estaba embarazada, me había enterado el día anterior.  Al salir de la reunión nos íbamos a subir en un ascensor y le dije que tenía algo que decirle, inmediatamente me dijo “estás embarazada, yo sabía!”.  No sé como sabía, siempre dijeron que era un poco bruja (de las buenas), y resultó que sí. 

Ese es uno de mis primeros recuerdos del embarazo, nos sentamos y conversamos y me dio todo su apoyo, en ningún momento se me ocurrió decirle que no iba a trabajar, no es una idea que ha cruzado mi mente.

Mi abuela sí me preguntó: “Ahora que va a ser mamá, ¿cuándo se casa y cuándo va a renunciar?”.  Seguí siendo la oveja negra y me dediqué a mi trabajo, disfruté mi embarazo, rendí como nunca antes y comencé a planear un futuro con una niña en brazos.

Cuando fue la hora, fui al hospital, me la presentaron, me fui a la casa con mi nuevo amor de la vida.  Ella dormía, lloraba, dormía.  Y yo, veía tele, arreglaba la casa, me bañaba, leía y me enamoraba de ella.  Un mes más tarde sentí que pasaba en una casa viendo a un ser humano perfecto, hermoso y dormilón.. así que llamé a la empresa y les pedí que me hagan un espacio en mi escritorio porque volvía.  Fui medio tiempo un par de meses más, salía de mi casa a las 10am en la primera siesta, y volvía bordeando las 2pm cuando despertaba.  Hacía el relevo a la niñera y la tarde me dedicaba 100% a mi enanita.  Y así mantuve mi sanidad mental, mi amor por mi profesión y la posibilidad de darle un ejemplo del que me siento orgullosa a mi hija.

Ser madre no es dejar de ser otras cosas. Es ser quien venías siendo y además ser una persona más llena, feliz y con un motivo más fuerte para ser mejor.

 

Lauren Kressler Padres Creativos
Lauren Kressler

Mamá de una mujer maravilla, casada con mi mejor amigo, fascinada con la vida. Autora en galletagordita.com

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