No poder dar de lactar

LA CULPA DE NO PODER DAR DE LACTAR

“Nos cambiamos a una fórmula que recomendó el pediatra, pero yo a mis adentros no dejaba de torturarme”

Un día de agosto nació mi hija, me la entregaron y lo primero que tuve que hacer, a más de admirarla perdidamente-,fue intentar darle de lactar.  Entre prueba y error, ayuda de doctores, viendo videos en YouTube, escuchando a las enfermeras y dejándome llevar por mi instinto, las dos lo logramos y por fin pudo tomar su leche materna. ¡Pero eso duró 1 mes, nada más!

Intenté de todo, pero mi cuerpo simplemente no siguió produciendo.  De todas formas vale aclarar que fue una época súper difícil para mí y para mi pequeña familia recién conformada.  A los 3 días de nacida de mi hija nos vimos obligados a cambiarnos de lugar donde vivíamos, el apoyo que íbamos a tener se esfumó y nos tocó hacer mudanza, buscar recursos financieros, recuperarme de una cesárea y una operación de hernia armando el nuevo huequito donde íbamos a vivir hasta volver a pararnos… las condiciones no eran las óptimas, en absoluto.  Pero de todas formas estábamos felices de tener a nuestra nena con nosotros y yo seguí haciendo el intento cada vez de que tome lechita materna.

El día que ya la pasábamos peor en el intento decidí que no iba para más; ella sufría porque succionaba y no había nada; yo sufría por su desesperación, su hambre y mi dolor.  Nos cambiamos a una fórmula que recomendó el pediatra, pero yo a mis adentros no dejaba de torturarme.

Todo lo que había oído no lo pude cumplir.  No pude darle a mi hija el alimento más sano, no pude darle ese momento de contacto y bonding, no pude darle defensas. ¡Por los nuevos dioses y los viejos que me sentía culpable!  Y triste, y descorazonada, u desesperada.  Pensaba que le estaba causando problemas a futuro solamente por no darle de lactar, y esa culpa no se borra rápido.

Me tomó un tiempo entender que el no poder ofrecer las condiciones ideales no suponía no poder ofrecerle bienestar.  Yo iba a ser la mejor mamá, contra vientos y mareas.  Me dediqué a investigar de fórmulas, probamos, erramos y probamos de nuevo, mil veces.  Algo le sentaba y al día siguiente ya no, cambiábamos.  Siempre en pos de que ella esté bien.  Era un gasto descomunal, no les miento, desde que nació mi hija comió un montón! El pediatra no nos creía que para el mes y tantito se tomaba 22 onzas antes de dormir, ¡22!

Si ella no podía tomar mi leche, no iba a dejar de tener contacto con ella cuando tomaba su biberón, la acomodaba como si estuviera lactando, le acariciaba su pelito, su carita, su pancita llena de nutrientes.

Se iban y venían los tarros de fórmula y mi gordita creció y creció, sonrió por primera vez, se sentó, subió de peso, creció un poco más, comenzó a gatear, a caminar, a reírse a carcajadas, a hablar sin parar y de repente ya no fue un bebé.  Ella era, ella ES una niña feliz!  Y no tiene ninguna secuela por no haber podido darle leche materna, no la dañé de por vida y yo por fin pude dejar de atormentarme por no haber podido hacer las cosas como dicen en los libros.

Lo único que les pido es que no se juzguen tan duro, que siempre sepan que aunque haya algo que digan o recomienden, también siempre habrá algo que nos funcione a cada una.  La maternidad no es un espacio donde todo nos va a fluir como un libro de texto, y es más, probablemente lo que le sirva a alguien más a nosotras no.  Si les pasa, busquen asesoría, busquen información, busquen lo que más les funcione, busquen ayuda, nunca paren de buscar lo que sea lo mejor para su bebé!

Lo más importante que he aprendido de mi trayectoria es que la paz mental, la felicidad y el amor de la familia están por sobre cualquier “supuesto”.

Lauren Kressler Padres Creativos
Lauren Kressler

Mamá de una mujer maravilla, casada con mi mejor amigo, fascinada con la vida. Autora en galletagordita.com

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