adopción

Algebra de amor

¿Recuerdan las clases de álgebra?  Esas en donde si multiplicas un negativo por otro negativo, el resultado es positivo (-*-=+).  ¡Pues así es formar una familia por adopción!

No voy a negar que toda adopción se origina en, al menos, una pena.  Una tragedia para el niño o niña que no pudo continuar con su filiación biológica.  Y aunque muchas veces esta sea la única forma de salvaguardar su seguridad física y mental, para este niño o niña, para su identidad, esto siempre será una pérdida.

Y, en buena cantidad de los casos, existe otra pena: la de los adoptantes que no han podido procrear.  El duelo del hijo soñado es un esfuerzo por el que todo padre y madre por adopción tiene que pasar.  Es una tarea importante e imprescindible para la paternidad / maternidad adoptiva: conocerte a ti mismo y descubrir cuál es la criatura que eres capaz de ahijar.

Y luego de muchas evaluaciones psicológicas y sociales, las dos penas se juntan.  Y se multiplican en amor y se convierten en un positivo: ¡Una familia para siempre!  Y como toda familia, ríes, lloras, peleas y te reconcilias. Tratas que tus hijos se coman las verduras y que duerman a una hora prudente.  Tratas de formar apego seguro y fortalecer su autonomía.  Tienes nostalgia con las fotos que muestran cuánto han crecido.  Haces lo mejor que puedes para que crezcan sanas, empoderadas y felices.  Y, en el día a día, no te acuerdas que tu familia se formó por adopción.

Pero una tarde, la primera cita con el pediatra, caes en la cuenta de que sí eres una familia especial.  Te hacen preguntas que no puedes responder porque los antecedentes médicos de tus hijas son escasos.  Y, como toda familia, te preocupas por su salud, investigas en Internet y le pides al doctor hacer todos los análisis, ir a todos los especialistas (hacer lo que sea necesario).  Luego, cuando te tomas un minuto para respirar y mirar a tu alrededor, encuentras a muchas familias biológicas que pasan por lo mismo y ya no te sientes tan especial. Y, la siguiente vez, el médico te dice “tu hijo está sano” porque, la gran mayoría de las veces que vas a la consulta, resulta ser un resfriado común y no te acuerdas que tu familia se formó por adopción.

Hasta que un día te piden fotos de cuando la mamá estaba embarazada para un evento en la escuela. Fotos que simplemente no tienes.  Y vuelves recordar que eres una familia especial.  Solicitas una reunión con la profesora y la psicopedagoga para hablar del tema.  Un turno antes, hay una familia biológica que, por una u otra razón, también debe trabajar de cerca con la escuela y ya no te sientes tan especial.   En el día del evento, ves a tus hijos bailar y cantar junto con sus compañeritos de clase,  se te llenan los ojos de lágrimas (como a todas las mamás) y no te acuerdas que tu familia se formó por adopción.

Hasta que un día, por algún comentario o por una tía embarazada, tus hijas se dan cuenta que tienen una historia distinta a la de sus primos, a la de su mejor amigo, a la de gran mayoría de sus compañeros de clase.  Te miran llenas de preguntas y comienzas a enredarte con las respuestas.  Atinas a decir que las familias se forman de distintas maneras, que todas son buenas, verdaderas y que lo que importa es el amor.  Y entonces encuentras eso que te hace una familia especial: es parte de tu maternidad ayudarles a multiplicar en positivo.

Además de todo lo que implica criar a un hijo, debes enseñarles a que ellos son valiosos, deseados y amados hijos de verdad.  Que las circunstancias que llevaron a su adopción son todas problemas de adultos, que ellas no tienen responsabilidad o culpa.  Que todas esas circunstancias ya no existen, porque ahora tienen una familia que les cuidará siempre.  Que pueden confiar, que pueden sentir, que pueden vincularse sin miedo.  Que pueden honrar y perdonar a su familia de origen, si así lo desean.  O enojarse pero seguir adelante.  Que pueden odiar a sus papás (me han dicho que pasa en la adolescencia), pero seguiremos ahí porque somos papá y mamá; nunca nos rendiremos en esta relación.  Y tienes que demostrarles, en el día a día, que, desde que son tus hijas, desde que fueron adoptadas, serán amadas, por siempre y para siempre, incondicionalmente, incluso si no se comen las verduras.

¡Tienes que mostrarles que, aunque pueden haber penas en la vida, el amor puede multiplicarlas a positivo!

Ma. Laura Piñeiros (Malala) Padres Creativos
Ma. Laura Piñeiros (Malala)

Malala, mamá de dos preciosas niñas y gestora de proyectos ambientales. Ferviente creyente de la crianza respetuosa, el fomento de la autonomía y la lógica de las consecuencias. Prefiere madrugar a dormirse tarde y no puede vivir sin una buena taza de té.

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